miércoles, 16 de agosto de 2017

El signo de los cuatro

El tercer libro que ha caído en mis manos este verano ha sido 'El signo de los cuatro', la segunda obra en la que el escritor británico Arthur Conan Doyle relata las dotes detectivescas del genial Sherlock Holmes.
El detective Sherlock Holmes y el doctor John Watson reciben en su domicilio londinense del 221B de Baker Street la visita de la joven institutriz Miss Mary Morstan, quien acude al señor Holmes para que averigüe qué ha pasado con su padre, el capitán Morstan, pues no sabe nada de él desde hace diez años; además, desde hace seis recibe cada año una perla de un collar de un remitente anónimo, y ese mismo día le ha llegado una carta en la que se le ruega que acuda a una cita y en la que se añade que hasta ahora ha sido perjudicada y se le debe hacer justicia. Holmes y Watson acompañan a la joven a esta misteriosa cita, que resulta estar organizada por Thaddeus Sholto, uno de los hijos gemelos del mayor Sholto, amigo del padre de Mary y que compartió regimiento de infantería en la India años atrás. Al parecer, tanto el capitán Morstan como el mayor Sholto tenían un tesoro que ha estado escondido hasta entonces y, tras la muerte de ambos, a ella le corresponde la mitad del mismo. Cuando acuden a la casa del hermano de Thaddeus para recoger el tesoro, resulta que éste ha sido asesinado y que el tesoro ha desaparecido.
He tardado seis años en continuar el canon holmesiano con su segunda novela tras haber comenzado con 'Estudio en escarlata', y la verdad es que ha sido una pena haber esperado tanto, ya que gracias a 'El signo de los cuatro' he tenido la oportunidad de volver a disfrutar de la sagacidad y de los geniales razonamientos deductivos de Sherlock Holmes, uno de los detectives más célebres de la literatura, así como del doctor Watson, su inseparable compañero y excelente narrador de la trama. Es en este título donde se da buena cuenta de la afición de Sherlock a consumir drogas, puesto que, según él, es lo único que estimula su mente a falta de casos que resolver que le saquen de la aburrida rutina de la existencia, y también donde aparece una de sus citas más famosas: "Una vez eliminadas todas las demás posibilidades, la única que queda tiene que ser la verdadera". La estructura del libro es muy similar a la de su precedente: el caso se expone, se investiga y se resuelve, y al final se incluye un relato en el que se narra la historia oculta tras el caso, aunque lo bueno es que esta vez no ocupa tantas páginas como en 'Estudio en escarlata'. Lo malo, que es muy corto, poco más de 150 páginas, aunque al menos me queda el consuelo de que el canon holmesiano está compuesto por otras dos novelas y cinco colecciones de relatos, por lo que todavía tengo mucho Sherlock por devorar.

viernes, 4 de agosto de 2017

Espía de Dios

El segundo libro que he leído este verano, tras haber pasado unos días de viaje, ha sido 'Espía de Dios', del escritor español Juan Gómez-Jurado.
El papa Juan Pablo II acaba de fallecer y la Ciudad del Vaticano se prepara para darle el último adiós, al tiempo que más de cien cardenales se disponen a asistir en los próximos días al cónclave en el que deberán elegir a su sucesor, pero algunos de ellos no podrán acudir. Dos de estos cardenales aparecen asesinados con varias partes de sus cuerpos mutiladas y misteriosos mensajes bíblicos en las escenas del crimen. La inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti, con la colaboración del padre Anthony Fowler, un ex militar norteamericano, será la encargada de dar caza a un asesino que resulta ser un sacerdote con un turbio pasado plagado de abusos sexuales a menores, motivo por el cual tuvo que pasar un tiempo en el Instituto Saint Matthew para ser rehabilitado. Desde el Vaticano se intenta ocultar estas muertes para que no interfiera en la celebración del cónclave, pero el asesino tratará de que salgan a la luz mientras sigue acabando con más vidas.
Descubrí este thriller hace unos años en una de mis visitas a las librerías de mi ciudad en busca de nuevos títulos que añadir a mi larga lista de futuribles lecturas. Por su sinopsis deduje inmediatamente que se trataba de una novela del estilo de 'Ángeles y demonios', y de hecho lo publicitaban así, con la coletilla de estar mejor documentado y redactado. Será por gustos, pero yo disfruté más el libro de Dan Brown, lo cual no implica que el de Juan Gómez-Jurado no me haya gustado. No pongo en duda que el que acabo de leer tenga más trabajo de documentación por detrás y que sea muy más realista que el del discutido novelista estadounidense, lo que lo hace más creíble, pero no me ha enganchado tanto como esperaba, y esto es algo que yo valoro, y mucho, en este género que mezcla misterio, crimen y religión. Como aspecto destacable sobre otros libros de esta temática es que al poco de empezar ya se sabe quién está detrás de esos macabros asesinatos, lo cual para muchos lectores es un punto negativo y para otros positivo (a mí me da un poco igual), pero lo que más me ha trastornado de esta novela es el ir y venir entre las dos líneas temporales en las que tiene lugar la trama; eso sí, como autocrítica tendría que decir que he acusado la falta de ritmo tras tirarme diez meses sin leer y que además estos días he estado liado con la planificación de un viaje, por lo que mi cabeza no estaba del todo centrada en esta lectura. Es el primer libro de Juan Gómez-Jurado y tengo entendido que los siguientes son mejores, así que es probable que más adelante lo tenga en cuenta.

viernes, 28 de julio de 2017

No es mío, pero es interesante (CIV)

Aquí viene una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Esta vez, hay dos blogs que copan casi todas las recomendaciones, y son los más habituales, Microsiervos y Fogonazos, con diez y cinco aportaciones, respectivamente. Y como siempre, variedad para todos los gustos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Repasemos la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

viernes, 21 de julio de 2017

Viaje a Córdoba: día 3


Domingo, 26 de febrero de 2017

7:35
El despertador lo programé la noche anterior para que sonara a las nueve de la mañana, pero fueron mis amigos los que me sacaron de mi sueño cuando se levantaron para ducharse, algo inevitable porque tenían que pasar por delante de mi cama y porque el baño estaba al otro lado de mi cabecero; de todas formas, me volví a quedar dormido casi de inmediato, aunque no de una manera tan profunda como antes. Cuando sonó el despertador, apuré unos minutillos más en la cama hasta que finalmente me levanté para asearme. Tal y como me esperaba, Jose y Miguel me confirmaron que había vuelto a roncar, que de nuevo sus palmadas habían vuelto a surtir un efecto casi nulo y que hasta las cuatro o las cinco de la madrugada estuvieron despiertos. Ante esta situación, empezamos a plantearnos seriamente la opción de buscar un apartamento en vez de un hotel para futuros viajes, y de esta forma poder dormir en habitaciones separadas.
Éste iba a ser nuestro último día en Córdoba, así que tocaba hacer las maletas, las cuales dejamos preparadas en la habitación antes de irnos a desayunar. Empezamos nuestra ruta para buscar alguna cafetería por la plaza de la Corredera, donde no nos llamó nada la atención, y lo mismo nos pasó por calle Claudio Marcelo y la plaza de las Tendillas, pero lo que más nos chocó era que había muchas que estaban cerradas a pesar de ser las diez de la mañana y que las que estaban abiertas estaban casi vacías, algo impensable en Málaga un domingo. Finalmente entramos en la cafetería del hotel Córdoba Centro, donde esta vez me pedí un mollete completo con aceite y un Cola Cao, mientras que Jose y Miguel repitieron la elección del día anterior. Desayuno excelente, puesto que el pan estaba tostado en su punto, ni mucho ni poco, y además muy jugoso y contundente; me quedé más que satisfecho, al igual que mis amigos, y el precio también muy adecuado, 2'60 €.
Volvimos al hostal por el mismo camino para, una vez que comprobamos que no dejábamos nada olvidado, recoger las maletas, dejar la habitación y entregar la llave en recepción. Emprendimos ahora el camino hacia el coche, para lo cual pasamos de nuevo por la plaza de la Corredera y continuamos por Rodríguez Marín, Capitulares, Alfaros, Isabel Losa, Santa Isabel y Mayor de Santa Marina, donde lo teníamos aparcado. Guardamos las maletas y dimos comienzo con la ruta matutina con la cercana Torre de la Malmuerta, que se caracteriza por estar apoyada en un arco. A continuación, cruzamos a la plaza de Colón para ver la llamativa fachada del Palacio de la Merced, actual sede de la Diputación Provincial, y pasear unos minutos por los Jardines de la Merced, que ocupan toda la citada plaza y cuyos árboles, por las fechas en las que estábamos, estaban secos en su práctica totalidad; eso sí, de estos jardines habría que destacar que en una de sus entradas se encuentra el Monumento a la Belleza de la Mujer Cordobesa, compuesto por las estatuas de dos mujeres que portan sendos cántaros y una pequeña fuente que surte un chorro de agua.

12:00
De allí nos fuimos hacia la plaza de Capuchinos, donde se encuentra el famoso Cristo de los Faroles, conocido así porque está rodeado por ocho faroles, aunque en realidad se llama Cristo de los Desagravios y Misericordia. En esa misma plaza entramos en la iglesia Conventual del Santo Ángel, la cual no estaba en mi planificación, pero aprovechamos que estaba abierta para visitarla, y suerte que lo estaba, puesto que en ella pude ver varias imágenes de la Semana Santa de Córdoba de una gran calidad y devoción, como por ejemplo la de María Santísima de la Paz y Esperanza. Más adelante nos encontramos con la Cuesta del Bailío, cuya escalinata bajamos para seguir por la plaza Puerta del Rincón, llamada así porque en ella se erige la Torre de la Puerta del Rincón, que pertenecía a la antigua muralla, aunque lo que más nos llamó la atención fue La Regadora, una estatua de una mujer regando las macetas que cuelgan de una de las paredes de dicha plaza.
Retomamos parte del recorrido que hicimos apenas una hora antes para dejar las maletas en el coche, pero esta vez, al llegar a calle Santa Isabel, giramos a la derecha hasta desembocar en la plaza de Don Gome, lugar en el que se encuentra el Palacio de Viana, donde entramos solamente para ver el único patio que se puede visitar libremente, lleno de macetones y plantas y con una pequeña fuente en el centro. Continuamos nuestra ruta con la iglesia de San Agustín, donde solamente entré yo debido a que mis amigos ya estaban un poco cansados de ver iglesias, así que me esperaron sentados en un banco de la plaza de San Agustín, concretamente junto a un bloque de piedra en el que se muestran las partituras de dos composiciones musicales, "Cruz de Mayo" y "Canción del Puente Viejo". En cuanto a la iglesia, me sorprendió gratamente, pues su estructura interior no se parecía a ninguna de las que había visitado hasta entonces, con un techo más bajo nada más entrar y una bóveda más alta a continuación, con numerosos frescos y todo con un aspecto muy barroco.
Seguidamente fuimos en busca de los dos últimos templos que teníamos planificado visitar, la Basílica del Juramento de San Rafael y la iglesia de San Lorenzo, pero no pudimos visitar ninguna de ellas, la primera porque estaba cerrada y la segunda porque se estaba oficiando una misa. Ahora nos tocaba caminar un buen rato hasta nuestro siguiente destino, la Posada del Potro, y lo hicimos a paso tranquilo por unas calles (Santa María de Gracia, Gutiérrez de los Ríos, Carlos Rubio y Lineros) que, como otras por las que pasamos el día anterior, nos hacían pensar que estábamos en un pueblo más que en una ciudad, y es que buena parte del casco histórico de Córdoba se compone de calles estrechas y casas bajas de una o dos plantas, muchas de ellas blancas. Al cabo de unos veinte minutos largos, llegamos a la Posada del Potro, por delante de la cual pasamos la tarde anterior, pero que no pudimos visitar porque solamente abre por la mañana.
Al entrar nos encontramos con una mezcla de corral de vecinos y patio cordobés que a esa hora estaba muy concurrido por turistas atraídos por sus llamativas plantas y macetas, barandas de madera en la primera planta, así como por las dependencias del Centro Flamenco Fosforito, que tiene aquí su sede y en cuyas salas se exponen guitarras flamencas, un grafo con los distintos palos del flamenco, pequeñas maquetas con los antiguos usos que se le daba a la posada, etc. La última zona que nos quedaba por ver era la de los Jardines de la Victoria, adonde llegamos tras coger por las calles Caldereros, Rey Heredia, Jesús María, Conde de Gondomar y Concepción. Una vez allí, lo primero que vimos fue el Mausoleo Romano, un monumento funerario con forma cilíndrica, para luego acercarnos al Mercado de la Victoria, ubicado en una gran caseta y que cobija a varios puestos de venta y negocios de restauración, un poco al estilo del Mercado de San Miguel de Madrid. Tras descansar unos minutos en un banco frente al Monumento al Duque de Rivas, cruzamos a los Jardines de la Agricultura, donde vimos el estanque de los patos, aunque estaba más bien plagado de palomas, y el Monumento a Julio Romero de Torres, insigne pintor cordobés.
Con esto dimos por concluida la visita a Córdoba, pero ahora tocaba almorzar, que ya eran más de las dos. Yo propuse ir a tapear al Mercado de la Victoria en el que habíamos estado hace unos minutos, pero mis amigos preferían ir a otro sitio, aunque sin definir dónde exactamente, así que empezamos a pasear por la avenida Ronda de los Tejares en busca de algo que nos agradase a los tres. Al igual que por la mañana cuando fuimos a desayunar, nos extrañó que hubiese tantos restaurantes cerrados o con poca gente siendo la hora que era, lo que provocó que anduviésemos sin rumbo fijo, hasta el punto que acabamos muy cerca del coche. Fue entonces cuando Jose y Miguel propusieron entonces repetir en la taberna La Montillana, donde tan bien cenamos el primer día, pero eso implicaba caminar todavía más teniendo en cuenta que estábamos a muy pocos metros cuando empezamos a buscar un sitio para comer.

14:45
Tras media hora dando vueltas, llegamos a La Montillana, que, como era de esperar, estaba lleno; por si acaso, Jose le preguntó al camarero si había alguna mesa libre, pero resulta que teníamos que esperar media hora. Así pues, recurrimos a TripAdvisor, que nos recomendaba la taberna Échate pá llá, situada justo en el callejón de enfrente, junto a la iglesia de San Miguel, por lo que no nos lo pensamos y nos sentamos en una de las mesas que había libres. Pedimos tres platos para compartir: mazamorra, volcán de patatas y bacalao al tostón. La mazamorra estaba buena, aunque los tres estábamos de acuerdo en que la que tomamos en La Montillana estaba mejor que ésta; el volcán de patatas, que también llevaba huevos y jamón, no tenía mucho misterio, como el que uno se puede hacer en casa; finalmente, el bacalao al tostón nos encantó, pues estaba muy jugoso y cubierto con una capa de queso que le venía al dedo. Esta vez no nos pedimos postre, que es lo normal en nosotros, por lo que la cuenta salió por 10'20 €, algo menos que en las otras comidas que habíamos hecho durante el viaje.
Antes de volver a Málaga, Jose y Miguel querían ver el partido que enfrentaría al Atlético de Madrid y al Barcelona, que daría comienzo en breves minutos, a las 16:15, así que ahora tocaba buscar un bar donde lo echasen. Creíamos que iba a ser fácil encontrar uno, pero no fue así; de hecho, después de unos diez o quince minutos, solamente vimos dos sitios. En el primero de ellos solamente había libre una mesa alta en la que los tres íbamos a estar un poco incómodos, mientras que el otro, el Mesón El Rincón, estaba casi vacío, con apenas tres o cuatro clientes, por lo que nos quedamos allí, puesto que ya estaba a punto de comenzar el partido. La primera parte acabó sin goles, a excepción del que le anularon a Luis Suárez, mientras que en la segunda se adelantó el Barça con un tanto de Rafinha, a los pocos minutos empató Godín, y ya casi al final Messi marcó el gol de la victoria para alegría de mis amigos, que, si bien son socios como yo del Málaga, también son del Barcelona.
En cuanto terminó el partido nos pusimos en pie para ir hasta el coche, que lo teníamos a algo más de diez minutos. A las seis y cuarto nos pusimos en marcha, no sin antes activar Google Maps para salir de Córdoba sin equivocarnos como el día que llegamos, aunque casi no nos hizo falta porque estaba bastante bien indicado, y de día se ve mucho mejor que de noche, las cosas como son. Al poco de incorporarnos a la autovía, Jose se había quedado dormido, mientras que Miguel también se echó una pequeña siesta porque estaba un poco resfriado. Durante todo el trayecto de vuelta estuvimos escuchando marchas procesionales de Semana Santa, lo que inevitablemente derivó en el eterno debate que siempre tengo con mis amigos al respecto de que, según ellos, todas son iguales, a lo que yo tuve que decirles que no, que para empezar existen cuatro géneros diferentes (cornetas y tambores, agrupaciones musicales, bandas de música y capillas musicales) y dentro de cada uno de ellos hay diversos tipos de composiciones, unas más alegres y otras más fúnebres, unas más proclives a ser interpretadas a Cristos y otras más indicadas para Vírgenes. En cualquier caso, yo les reconocí que hay ciertas marchas que confundo, pero vaya, al igual que me ocurre con canciones de ciertos cantantes y grupos modernos.
A la altura de Antequera ya empezó a anochecer, algo que no me gusta cuando conduzco, pero por lo menos ya estábamos cerca de Málaga, adonde llegamos pasadas las ocho de la tarde. Primero dejé a Miguel en su casa y luego a Jose en la suya, de tal forma que a la mía llegué sobre las ocho y media de la noche. Punto y final a un viaje corto pero que al menos me sirvió para compensar el que no pude hacer el año anterior; eso sí, en el propio viaje empezamos a hablar sobre el que haríamos en el mes de julio, e incluso mi madre también me había planteado por entonces hacer otro en el mes de agosto. Ya os contaré poco a poco todo lo que habrán deparado ambos viajes.

domingo, 16 de julio de 2017

Viaje a Córdoba: día 2

Sábado, 25 de febrero de 2017

7:15
En cuanto sonó mi despertador, me levanté de la cama como un resorte para ir al baño y ducharme, pues no había tiempo que perder. Mis amigos, mientras tanto, seguían durmiendo, aunque, cuando terminé de ducharme y fui a despertarles para que empezasen a vestirse, me recriminaron que apenas habían podido descansar porque había estado roncando buena parte de la noche; de hecho, habían dado palmadas fuertes para que dejase de roncar, pero ni por esas me callaba. Les dije que lo sentía, aunque poca culpa tenía yo, puesto que lo hago de forma inconsciente y sin ánimo de fastidiar el descanso de los demás. En fin, que tras esta conversación nos pusimos en funcionamiento para arreglarnos y dar comienzo a una larga jornada por el centro histórico de Córdoba.
Salimos de la habitación al patio del hostal, muy típico cordobés con sus arcos y macetas colgadas de las barandillas del primer piso; allí mismo, mis dos amigos aprovecharon que en el patio había una máquina de café para prepararse uno cada uno, y ello provocó que saliese una mujer mayor que resultó ser una de las empleadas del hostal, pues se había extrañado al escuchar el ruido de la máquina tan temprano. Ya en la calle, en la que por cierto no había nadie por la hora que era, comprobamos que el día había amanecido nublado, al contrario de lo que habíamos visto en las previsiones del fin de semana, puesto que se pronosticaban días soleados. Bajamos por la calle Armas para continuar por calle San Francisco y luego atravesar un laberinto de callejones estrechos hasta llegar a la Mezquita-Catedral de Córdoba a eso de las ocho y media.
Tras recorrer toda la fachada norte y comprobar que ninguna de sus puertas estaba abierta, seguimos por la fachada oeste, donde ya se veía a varios turistas entrar por la Puerta de los Deanes, la cual da acceso al patio de los Naranjos. Una vez que verificamos en un panel situado nada más entrar que la visita a esta hora era gratuita, nos acercamos a la entrada principal del templo, la Puerta de las Palmas, donde un vigilante de seguridad me revisó la mochila de mi cámara antes de dejarme pasar. Como os podéis imaginar, me quedé boquiabierto cuando vi ese bosque de columnas y arcos bicolores por el que es tan conocida la Mezquita. Tenía algún que otro recuerdo de cuando la visité con el colegio estando yo en 4º ESO o 1º Bachillerato, pero me sorprendió tanto o más que la primera y única vez hasta entonces, y de eso hace ya unos quince años.
A pesar de lo temprano que era, había una cantidad considerable de turistas visitando este monumento, más de lo que me imaginaba, pero aun así se podía ver y admirar con tranquilidad y sin demasiada gente de por medio. Obviamente, mi cámara de fotos empezó a echar humo, y es que casi cualquier ángulo y perspectiva me parecían idóneos para capturar la belleza de esta joya de la que puede presumir Córdoba. Además de los cientos de columnas y arcos que se entremezclan en la Mezquita, en ella también pudimos contemplar numerosas capillas y altares de gran valor artístico, cúpulas y puertas profusamente decoradas y con inscripciones en árabe, urnas expositoras con restos arqueológicos y diversos objetos, etc. Entre tanto, le pedí a mis amigos que me hiciesen alguna que otra foto, y yo además hice otra con mi móvil para mandársela por WhatsApp a mi madre, mi hermana y mis tías de Jerez.
Nos quedaba por ver la parte central de este monumento, que se corresponde con la Catedral, la cual, por sus características, contrasta bastante con el estilo árabe de la Mezquita, aunque está bastante bien integrada con ésta. A la zona que ocupa la Catedral no pudimos acceder porque estaba rodeada esos típicos cordones rojos que suelen poner para prohibir el paso, pero al menos nos podíamos asomar para ver la capilla Mayor, el crucero, el coro (que me recordó mucho al de la Catedral de Málaga), el trascoro y el trasaltar. Precisamente mientras nos encontrábamos frente a la sillería del coro empezó a sonar el órgano situado justo encima, lo cual sorprendió a todos los que estábamos allí, y tras ello los vigilantes comenzaron a desalojar el monumento, pues ya casi eran las nueve y media, es decir, la hora oficial de apertura de la Mezquita-Catedral para los que tienen que comprar entrada.
Ya fuera, nos quedamos un rato por el patio de los Naranjos y por las galerías porticadas que lo rodean, al tiempo que contemplábamos la torre campanario que se erige sobre el monumento y los árboles y fuentes que están repartidas por todo el patio. Me tocó además hacer fotos a varios turistas que me lo pidieron (es lo que pasa por llevar colgada al cuello una cámara réflex), concretamente a un grupo de españoles y luego a un asiático del que no sabría decir su nacionalidad, ya que, como a la mayoría, a mí me parecen casi todos iguales. Finalmente, nos fuimos de allí por la Puerta del Perdón, que es la que situada bajo la torre y justo enfrente de la entrada principal de la Mezquita-Catedral, para continuar con nuestra visita a Córdoba.

9:35
Era el momento de decidir dónde desayunar, para lo cual recurrimos a las recomendaciones de TripAdvisor. La opción que más nos convenció era la de un sitio con un nombre muy peculiar, Omundo de Alicia, que además por su ubicación nos venía muy bien, puesto que teníamos pensado pasar la mañana por esa zona, así que nos dirigimos allí al tiempo que empezaba a chispear, y es que el cielo se mantenía nublado. Por cierto, como apunte curioso habría que comentar que por el camino nos topamos con varias alcantarillas con el dibujo de un perro y la frase "Pipí aquí" justo encima, una medida muy acertada, aunque dudo que efectiva, ya que los perros orinan donde pillan y cuando les entran ganas.
Ya en esta cafetería, tras echar un vistazo a la carta del desayuno, me pedí medio mollete con aceite y un Cola Cao, para no perder la costumbre de cada mañana salvo por el cambio obligado del Nesquik, mientras que mis amigos se pidieron cada uno una chapata entera con tomate y jamón y un café. Desayuno muy correcto tanto a nivel de calidad como de precio, pues el mío me costó 2'20 € y el de mis amigos 3 € cada uno. Salimos de allí minutos antes de las once para retomar la visita a la ciudad justo enfrente, en la plaza de la Trinidad, presidida por una estatua del poeta Luis de Góngora y en la que destaca la iglesia de San Juan y Todos los Santos, en la cual entramos. Mis amigos, poco o nada amantes de las iglesias, se sentaron en uno de los bancos del final mientras yo la recorría para ver las tallas de varias imágenes de Semana Santa que allí se encontraban, entre ellas dos crucificados, un nazareno y una dolorosa.
Salimos al Paseo de la Victoria hasta llegar a la Puerta de Almodóvar, una de las pocas que se conservan de la antigua muralla de Córdoba y que además presenta muy buen estado. Junto a ella vimos otra estatua, también de otro ilustre cordobés, Lucio Anneo Séneca, tanto que hasta la Junta de Andalucía le puso su nombre a la aplicación que se usa en los colegios e institutos para gestionar todo lo relativo al alumnado y profesorado de nuestra comunidad, así que como veis hasta el trabajo me perseguía en vacaciones. Atravesamos la muralla para continuar por la calle Judíos, una angosta calle que a esas horas ya estaba bastante concurrida y en la que nos topamos con la Sinagoga, un pequeño templo hebreo al que se puede entrar gratuitamente y que apenas consta de un patio adornado con varias plantas y el templo propiamente dicho, compuesto por un vestíbulo y una sala de oración cuadrada adornado con motivos mudéjares e inscripciones bíblicas en hebreo, aunque parte de ellas se han perdido.
Al salir nos adentramos en el zoco, un mercado de artesanía ubicado en un patio rodeado de varias arcadas y con decenas de macetas desperdigadas que me recordó al de nuestro hostal, aunque éste era bastante más grande. Unos metros más adelante llegamos a otro de los lugares típicos de Córdoba, la pequeña plaza de Tiberíades, en la cual se encuentra la estatua de Maimónides, famoso teólogo, filósofo y médico nacido en esta ciudad. Aprovechamos que estaba allí una guía turística con un grupo con el que también habíamos coincidido en la sinagoga para escuchar sus explicaciones, entre las cuales recuerdo que estaba la de que la gente suele pasar la mano por uno de sus pies porque, según cuentan, te da más inteligencia, y de hecho parece que hay muchos que lo hacen porque la estatua está muy desgastada en esa parte. En fin, una de tantas leyendas que rodean a varios sitios turísticos de todo el mundo.
Más adelante, nos desviamos por una calle que daba a un callejón en uno de cuyos muros había una inscripción que nos llamó mucho la atención, concretamente "He encontrado un atajo", que seguramente llevaría a algún sitio, pero, como no estaba en nuestra ruta y perderse por la judería es harto sencillo, decidimos deshacer nuestros pasos y continuar por calle Tomás Conde. Casi al final de la misma, a mano izquierda, dimos con la Calleja del Salmorejo Cordobés, llamada así porque en su pared hay un enorme azulejo en el que se detallan los ingredientes y se explica cómo se hace este plato típico de Córdoba. Al salir de esta calle, en vez de seguir adelante, giramos a la derecha hacia calle Cairuán para ver la Puerta de la Luna, otra de las entradas de la antigua muralla y junto a la cual encontramos otra estatua, sí, la cuarta del día si no llevo mal la cuenta, esta vez de Averroes, filósofo y médico del siglo XII, y sí, también cordobés.

12:00
A continuación, nos dirigimos al Alcázar de los Reyes Cristianos, en cuya explanada exterior hicimos un pequeño descanso sentados en un banco aprovechando que había allí un caballo de las Caballerizas Reales con su domador haciendo una demostración de piruetas y distintos tipos de pasos para disfrute de los turistas que hacían cola para entrar en el citado monumento. Nosotros también teníamos pensado visitarlo, pero la cola tenía una longitud considerable y nos daba pereza esperar tanto, por lo que descartamos esta opción y nos conformamos con ver el Alcázar por fuera. Seguidamente nos acercamos a una pequeña plaza en la que se encuentra la Torre de Belén, también perteneciente a la muralla como las puertas de Almodóvar y de la Luna que vimos antes, para luego entrar en las Caballerizas Reales. Lo único que pudimos ver fue la cuadra principal en la que se exhiben diversos carruajes y coches de caballo en lo que antiguamente sirvieron de cuadras, ya que el acceso al patio donde tienen lugar los espectáculos ecuestres estaba cerrado en ese momento, así que apenas estuvimos allí diez minutos.
Seguimos por unas calles  por las que no pasaba ni un alma y que parecían más de pueblo que de ciudad, ya que todas sus casas eran bajitas, de una sola planta, de color blanco y con floridas macetas en sus ventanas y balcones. Al final de estas calles dimos con la Puerta de Sevilla, junto a la cual había... ¿Lo adivináis? Sí, otra estatua de otro cordobés, aunque no tan conocido como los anteriores, un tal Ibn Hazm, y tras ello procedimos a bordear toda la muralla hasta llegar a una de las orillas del río Guadalquivir, que es el que atraviesa la ciudad de Córdoba. Más adelante, a mano izquierda, tuvimos la oportunidad de asomarnos a los jardines del Alcázar a través de una verja, al menos a una parte de éstos, y justo después la parte trasera de este monumento con sus torres del Homenaje y de la Paloma.
Unos metros después, pero esta vez en el lado correspondiente al río, nos acercamos a ver el Molino de la Albolafia, otra de las estampas típicas de Córdoba junto a la del Puente Romano, el cual recorrimos a continuación, aunque antes de hacerlo nos detuvimos un momento viendo la Puerta del Puente, que, situada entre la Mezquita y el citado puente, se parece mucho a los típicos arcos de triunfo que hay en muchas ciudades, aunque realmente también formaba parte de la muralla de Córdoba. En nuestro paseo por el Puente Romano nos topamos a mediación con el Triunfo de San Rafael, en realidad uno de tantos que hay en la ciudad califal, y es que este arcángel es el ángel custodio de Córdoba, y al final del mismo con la pequeña fortaleza de la Torre de la Calahorra, punto en el que dimos media vuelta para volver al centro y seguir con nuestro paseo.
Una vez que atravesamos la Puerta del Puente, vimos otro Triunfo de San Rafael, éste mucho más grande que el anterior, puesto que la estatua del arcángel corona una columna que sobresale de una base, un conjunto que en total alcanza una altura de 27 metros, mientras que a la izquierda teníamos el edificio del Obispado de Córdoba. Fue entonces cuando comenzamos a rodear la Mezquita-Catedral para poder contemplar las diversas puertas, algunas de ellas ocultas tras andamios por estar siendo restauradas, que se hallan en su fachada este, como por ejemplo las de San José, de la Concepción Antigua, del Baptisterio o de Santa Catalina, pero, antes de continuar con las otras fachadas, hicimos un alto para buscar dos pequeñas calles muy famosas de la ciudad como son la calleja del Pañuelo y la calleja de las Flores, ambas a muy pocos metros de la Mezquita.
La primera de ellas no se llama así realmente, sino calle de Pedro Jiménez, pero todo el mundo la conoce como calleja del Pañuelo porque su anchura en la parte más angosta mide más o menos lo mismo que un pañuelo de señora; de hecho, dos personas no pueden pasar al mismo tiempo por ese pequeño tramo de este callejón. No tiene mucho más que el reclamo turístico que se ha ganado, pero la calleja de las Flores sí que tiene más motivos para ser visitada, es más, estaba tan concurrida que tuvimos que esperar para poder recorrerla. Una de las razones es por su estrechez, pues apenas es un poco más ancha que la otra, pero la otra es que sus paredes están plagadas de macetas azules con coloridas flores que ofrecen una estampa única si uno se sitúa en la placita en la que termina, y es que entre dichas paredes aparece perfectamente encuadrada la torre campanario de la Mezquita.
Volvimos a recorrer las fachadas del principal monumento de Córdoba, ahora la fachada norte, que ya la habíamos visto por la mañana, y la oeste, con un aspecto muy similar a la del este y en la que habría que destacar las puertas del Postigo de la Leche, de los Deanes, del Espíritu Santo y del Sabat. Ya eran casi las dos de la tarde y el hambre apremiaba, por lo que tocaba buscar un sitio para almorzar. Jose sugirió ir a Los Patios de la Marquesa, ya que tenía buen recuerdo de este sitio de una visita anterior, así que nos acercamos a echar un vistazo por si nos convencía. Este sitio es básicamente una especie de mercado gastronómico con varios puestos de comida de diversos tipos, lo cual es bastante atractivo, pero descartamos esta opción porque Miguel prefería ir a algún restaurante.

14:15
Nos dejamos guiar de nuevo por TripAdvisor, que nos recomendaba varias tabernas situadas alrededor de la Mezquita, y una de ellas era El Capricho, que fue por la que nos decantamos en parte porque el dueño nos paró cuando pasábamos por allí al advertir que teníamos pinta de estar buscando un sitio para comer y nos dijo que en cinco o diez minutos se quedaría una mesa libre, y por otro lado porque tenían un menú cordobés que era muy del gusto de mis amigos. Mientras esperábamos, Miguel revisó detenidamente los comentarios de esta taberna en TripAdvisor, y, si bien tenía muy buena nota y además especificaba que había ganado recientemente un premio al mejor rabo de toro de Córdoba, le llamó la atención que algunos de los últimos comentarios que le otorgaban la máxima puntuación estaban muy mal redactados, con faltas de ortografía flagrantes como no poner la h al conjugar el verbo haber, palabras unidas y expresiones como "es kisito" en vez de "exquisito" o "bol beremos" en vez de "volveremos". Torpes de nosotros, más tarde deduciríamos que dichos comentarios habían sido escritos por amigos o familiares para subirle la nota.
Ya en la mesa que nos había prometido el dueño, precisamente al lado de una con aficionados ataviados con camisetas y bufandas del Alcorcón, que jugaba esa tarde contra el Córdoba, le echamos un vistazo a la carta, aunque en realidad ya teníamos claro lo que íbamos a pedir: mis amigos, el menú cordobés compuesto por salmorejo, rabo de toro y pastel cordobés; por mi parte, me decanté por el menú del día, del que elegí los espaguetis boloñesa, un flamenquín y natillas. ¡Qué decepción se llevaron Jose y Miguel! Según dijeron tras probar sus platos, el salmorejo no era nada del otro mundo, mientras que el rabo de toro, el cual les costó una barbaridad separarlo del hueso, no estaba especialmente bueno y venía acompañado por escasas patatas fritas del montón, opinión que días más tarde publicaría Miguel en TripAdvisor; además, llegado el momento del postre, ambos pidieron cambiarlo por unas natillas, y el dueño solamente permitió cambiarlo a uno de ellos y tras mucho insistir. En cuanto a mí, pues también un poco decepcionado, ya que los espaguetis eran fácilmente mejorables, el flamenquín tenía un relleno gelatinoso que no supe adivinar qué era exactamente, y las natillas tenían muy poca consistencia.
Nos fuimos de allí con muy mala sensación, como si nos hubiesen timado (10 € costaba mi menú y 14 € el de mis amigos), aunque fuimos educados y cuando al final nos preguntaron cómo había estado todo les dijimos que muy bien. Ya eran las tres y media, y Jose planteó la posibilidad de ir a tomarnos algo a una terraza situada frente al río que él conocía, pero al final nos decantamos por dirigirnos al hostal y echarnos una siesta para descansar, y es que, aunque habíamos caminado a un ritmo suave, casi no habíamos parado en todo el día. Mi idea era solamente estar tumbado en la cama, sin dormirme, pero finalmente no pude evitar echarme una pequeña siesta; por su parte, Jose y Miguel se pusieron a ver la tele y luego también se echaron un rato. Acordamos reanudar la visita a las cinco y media, aunque, como casi siempre ocurre, mis amigos remolonearon un poco más y salimos unos minutos más tarde.
En primer lugar, fuimos a la iglesia de San Francisco, la cual estaba cerrada a esa hora, por lo que nos tuvimos que conformar con ver su fachada, así como la plaza del mismo nombre situada en uno de sus laterales, caracterizada por su forma cuadrangular y por las arcadas de dos de sus lados. A muy pocos metros de allí teníamos la plaza del Potro, llamada así porque en ella hay una pequeña fuente rematada con una estatua de este animal; además, en dicha plaza también se encuentran dos museos, el de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres, y otro de los triunfos de San Rafael que hay en la ciudad. A continuación, cogimos por calle Lineros para llegar a la Basílica de San Pedro, que estaba abierta y en la que entramos unos minutos, mis amigos para sentarse y yo para verla, como siempre hacemos; de este templo destacaría el retablo mayor, una Virgen que supongo pertenece a alguna cofradía y una capilla en la que hay una urna de plata llena de calaveras y huesos.
Nuestra siguiente parada era la plaza de la Corredera, que recuerda inevitablemente a la plaza Mayor de Madrid por su forma y su estilo arquitectónico, con edificios de tres plantes y soportales en todo su perímetro, a excepción de dos edificios, la antigua Casa Consistorial y las Casas de Doña Jacinta. Tras atravesar la plaza de punta a punta, salimos por calle Rodríguez Marín para ir hasta el Ayuntamiento, probablemente el más feo de los que he visto hasta ahora en todos mis viajes, y visitar la iglesia de San Pablo, templo al que se accede tras pasar previamente por una portada barroca y por una pasarela descendente. Ya dentro de la iglesia, me pasé por todas sus capillas para contemplar las imágenes de Cristos y Vírgenes que allí se veneran, lo cual es uno de los principales motivos por los que me gusta visitar estos templos, y es que todo lo que tenga que ver con la Semana Santa, sea de la ciudad que sea, ya sabéis que me tira un montón.

18:35
Continuamos ahora con el Templo Romano, por delante del cual ya habíamos pasado varias veces sin detenernos demasiado tiempo a verlo, y del que solamente se conservan algunas columnas de orden corintio y varios restos a los pies de éstas. Seguimos por la calle Claudio Marcelo, pero nos desviamos por calle María Cristina para acercarnos a la plaza de la Compañía a ver la Torre de Santo Domingo de Silos y sí, otro Triunfo de San Rafael (ya he perdido la cuenta de cuántos habíamos visto ya). Tras coger por Duque de Hornachuelos, desembocamos en la céntrica plaza de las Tendillas, probablemente la más conocida de Córdoba y donde tienen lugar numerosos actos, como por ejemplo el Carnaval, y es que allí nos topamos con un escenario y varias decenas de sillas para las actuaciones que tendrían lugar más tarde. Con respecto a la plaza en sí, llama la atención la estatua ecuestre del Monumento al Gran Capitán que está situada justo en el centro, así como el edificio de la Unión y el Fénix.
Minutos más tarde nos encontrábamos frente a la taberna La Montillana, donde habíamos cenado la noche anterior, pero esta vez era porque enfrente se encuentra la iglesia de San Miguel, a la cual solamente nos pudimos asomar porque casualmente a esa hora estaban dando una misa y no era el momento adecuado para verla. Con esto dimos por terminada la visita a la ciudad en el día de hoy, así que decidimos hacer un alto en el camino y tomarnos algo en los 100 Montaditos que está enfrente de la iglesia, mis amigos una cerveza y yo una Coca-Cola Zero. Estando allí sentados, justo cuando ya nos íbamos, me llamó mi madre para preguntarme por cómo había pasado el día, a lo que mis amigos aprovecharon para decir en alto que ronco mucho y no les dejo dormir, lo que provocó las risas de mi madre.
A continuación, nos pusimos a callejear en busca de un cajero BBVA porque Jose necesitaba sacar dinero, aunque antes entramos en la tienda de ropa El Ganso, donde mi amigo se compró unas zapatillas que no encontraba en la tienda de Málaga. Salimos a la avenida del Gran Capitán, que estaba a rebosar de gente y en la que encontramos una sucursal del citado banco. Al final de la misma nos topamos con El Corte Inglés, donde entramos unos minutos para hacer tiempo antes de buscar algún sitio donde pusieran el Eibar-Málaga que iba a dar comienzo a las 20:45. Finalmente, tras dar unas cuantas vueltas por toda la avenida, dimos con el gastrobar La Antigua, en cuya terraza vimos un hueco libre para poder sentarnos y ver el partido. Para no perder la costumbre, tanto Jose como Miguel se pidieron una cerveza, mientras que yo me tomé una Coca-Cola Zero.
En cuanto al partido, por aquel entonces el Málaga venía de una dinámica muy negativa a pesar de haber ganado el último encuentro, con el segundo entrenador de la temporada y sin jugar bien. Los primeros minutos no estuvo demasiado mal, sin ocasiones a favor, pero tampoco en contra, aunque a falta de unos minutos para el descanso encajó un gol que le hizo irse a los vestuarios por debajo en el marcador. Los que también se fueron en el descanso fuimos nosotros, en parte porque eran las nueve y media y queríamos buscar un sitio para cenar y también porque la segunda mitad no pintaba muy bien. Bajamos la avenida del Gran Capitán para continuar por Conde de Gondomar, donde nos encontramos a bastante gente alrededor de una murga, mientras que en el escenario de la plaza de las Tendillas había otra actuando con motivo del Carnaval, así que nos quedamos allí un rato viendo dichas actuaciones al tiempo que consultábamos en Internet cómo iba el Málaga, que acabaría perdiendo 3-0.

22:15
Otra costumbre que nos caracteriza, y mucho, es el tonteo a la hora de buscar un sitio para cenar. Por una razón o por otra, a cada restaurante le buscamos una pega, o bien el que a priori nos gusta está lleno, lo que nos hace seguir mirando el siguiente, y el siguiente, y el siguiente... Ni con la ayuda de TripAdvisor nos poníamos de acuerdo. Al final, después de varias vueltas, entramos en El Aljibe del Río, donde nos tuvimos que sentar en una mesa alta con taburetes porque las demás estaban ya ocupadas. La carta no es que fuese excesivamente amplia, por lo que no tardamos mucho en elegir lo que íbamos a cenar: yo me pedí la hamburguesa de buey, mientras que Jose y Miguel compartirían media de ensaladilla de langostinos y una presa ibérica con risotto; en cuanto a la bebida, ellos se tomaron una caña, y yo, agua.
No nos equivocamos con los platos que pedimos, tanto en cantidad como en calidad, si bien a mi entender un poco más caro de lo normal, en parte justificado porque es el típico restaurante en el que te sirven un plato grande y luego lo que es la comida no ocupa ni la cuarta parte del mismo, lo cual nunca acabaré de entender: finalmente, para rematar la cena pedimos un brownie con helado para compartir entre los tres. La cuenta salió a 14'5 € por cabeza, que repito, no estaba mal, pero si lo comparamos con la cena de la noche anterior sale perdiendo claramente. Eran poco más de las once y media de la noche y estábamos a apenas diez minutos andando del hostal, pero antes, aunque eso conllevase alejarse, quería pasarme por la zona de la Mezquita para verla iluminada y hacer algunas fotografías, para lo que tuve que convencer a mis amigos.
Paseamos tranquilamente por la Ronda de Isasa, a orillas del Guadalquivir, hasta llegar al Puente Romano, al cual hice varias fotos y que recorrimos hasta la mitad aproximadamente para tener una bonita vista del conjunto formado por la Mezquita-Catedral y la Puerta del Puente. Tras rodear la Mezquita por sus fachadas sur y este, emprendimos el camino de vuelta al hostal por las mismas calles por las que habíamos cogido por la mañana temprano pero en sentido inverso; eso sí, nos llegamos a perder y nos vimos obligados a recurrir a Google Maps para guiarnos hasta que al final dimos con una calle en la que nos terminamos de ubicar. Llegamos al hostal a las doce y cuarto de la madrugada, y poco más hicimos que lavarnos los dientes y acostarnos. Yo fui el primero en meterse en la cama y quedarse dormido; de hecho, empecé a roncar y mis amigos se vieron obligados a iniciar el concierto de palmadas para compensar el que yo estaba dando. La noche iba a ser larga...

lunes, 10 de julio de 2017

Nudos y cruces

Este fin de semana terminé de leer mi primera lectura veraniega, concretamente 'Nudos y cruces', del escritor escocés Ian Rankin.
El sargento John Rebus es uno de los encargados de investigar el caso de dos niñas que han sido secuestradas y posteriormente asesinadas en Edimburgo. John deberá centrarse en este caso al tiempo que experimenta una situación personal cuanto menos compleja: se ha separado de su mujer, con la que tiene una hija de doce años en común; su relación con su hermano, un conocido hipnotizador, es un tanto fría y poco fluida; tiene entre sus vicios el alcohol y el tabaco; y además se siente atormentado por un pasado salpicado de malos recuerdos. El caso se complica cuando más niñas son secuestradas, y, al mismo tiempo, el sargento recibe cartas anónimas que podrían ser del propio secuestrador, quien parece tener un vínculo con él.
Conocí la existencia de este escritor escocés de novelas policíacas hace unos cinco o seis años, cuando empecé a interesarme de lleno en este género que se ha convertido en un filón inagotable para mí, pero fue a la vuelta de mi viaje a Edimburgo cuando me percaté de que la saga protagonizada por John Rebus, por la cual es famoso, está ambientada en esta ciudad que tanto me gustó y a la que me gustaría volver dentro de unos años. Así pues, como persona ordenada que soy, decidí empezar por el primer libro, el cual me ha dejado relativamente satisfecho, pero con la sensación de haberme quedado a medias, y ahora explico por qué jugando precisamente con esta palabra. Las algo más de doscientas páginas de las que se compone se pueden dividir en dos mitades: una primera que se centra principalmente en la vida personal del protagonista, algo que parece ser una característica común entre los autores actuales de este género, pero a la que le falta intensidad; y una segunda que me ha enganchado bastante, pues es entonces cuando se le empieza a ver color al caso de las niñas secuestradas, aunque aquí también juega un papel fundamental la vida privada de John Rebus. Por otra parte, otras pegas que le encuentro son que la pista principal la proporciona un personaje que no se podría considerar ni secundario, cuando lo habitual es que ese mérito se lo lleve el protagonista, y que el final es bastante abrupto, ya que se descubre quién es el malo de la película (obviamente no voy a decir cómo termina) y se acaba el libro de golpe y porrazo; si bien queda la trama principal queda aclarada, se echan en falta unas cuantas páginas que cierren mejor la historia. En líneas generales, se trata de un libro corto que se lee fácilmente, ideal para un par de tardes de verano, aunque no es brillante. Como he dicho antes, se trata del primer título de una saga que cuenta ya con más de veinte libros, algunos de los cuales son, según he leído en críticas de otros lectores, bastante mejores que éste, por lo que en principio seguiré con esta saga, aunque también tengo que empezar y continuar con otras.

miércoles, 5 de julio de 2017

Viaje a Córdoba: día 1

Viernes, 24 de febrero de 2017

17:30
Después de una dura mañana de trabajo en Coín, de volver a Málaga y de comer en casa con mi madre, me eché una pequeña siesta que duró hasta las cinco y media de la tarde, y es que tenía que hacer la maleta para irme de viaje a Córdoba con mis amigos Jose y Miguel. Tras no haber podido viajar el verano anterior debido a que me tenía que examinar de las Oposiciones y que no sabía hasta qué fecha iba a estar ocupado con este asunto, imaginad las ganas que tenía de que llegase esta escapada de fin de semana a la ciudad califal. No iba a ser ni un viaje muy largo ni un destino muy lejano, tan solo un par de días mal contados a unos 150 kilómetros de casa, pero me hacía casi tanta ilusión como cuando fui a Roma, Londres o Múnich.
Como decía, tocaba hacer la maleta, y apenas tardé unos 15 minutos, en primer lugar porque yo soy de los que la hace rápido y luego porque había quedado en recoger a mis amigos poco después. Además de la ropa, no olvidé meter mi inseparable cámara de fotos, y tampoco un mapa y la lista de sitios de Córdoba que tenía pensado visitar, aunque por si acaso también las llevaba descargadas al móvil. Fue entonces cuando avisé a mis amigos por nuestro grupo de Telegram que ya estaba preparado. Jose, que era el primero a quien iba a recoger, me dijo a las seis y cuarto que fuese saliendo que mientras tanto él ya estaría listo. Me despedí de mi madre y mi perra, tras lo cual bajé al garaje para coger el coche y poner rumbo a la gasolinera que está más cerca de su casa, ya que con lo que tenía en el tanque no íbamos a tener suficiente para llegar a Córdoba.
Mientras repostaba 30 € de diésel, avisé por el grupo que enseguida me dirigía a casa de Jose, quien por lo visto todavía no había podido hacer su maleta por un problema de última hora, por lo que me tocó esperar unos minutos hasta que finalmente bajó. Ahora tocaba ir en busca de Miguel, quien ya estaba un poco impaciente por esta tardanza y que se cabreó un poco más cuando Jose le envió un audio de la música que tenía puesta en el coche y comprobó que eran marchas de Semana Santa, a lo que respondió con un directo "Quita esa mierda". Para rizar el rizo, cuando llegué a su barrio se me pasó girar por la calle que desemboca en su casa, por lo que tuvimos que dar una vuelta más hasta que finalmente le recogimos pasadas las siete de la tarde.
Por fin los tres juntos ya en el coche, pusimos rumbo a Córdoba, para lo cual recorrimos la avenida de Andalucía, nos incorporamos seguidamente a la autovía del Mediterráneo para rodear la ciudad y ya luego nos desviamos por la autovía de Málaga. Ya por entonces mis amigos me habían convencido de que quitase la música de Semana Santa que estábamos escuchando y pusiese la radio, aunque este cambio duró poco, apenas media hora, ya que cuando llegamos a Las Pedrizas las emisoras casi no se escuchaban porque no tenía puesta la antena del coche (hace poco me la robaron y ahora siempre la llevo entre los dos asientos delanteros), por lo que el resto del camino pude disfrutar de mis queridas marchas procesionales.
Cuando íbamos por Antequera ya estaba anocheciendo, lo cual no me hacía mucha gracia porque eso significaba que iba a conducir de noche casi todo el camino, pero bueno, era más o menos lo que estaba previsto; al menos estaba acompañado, porque si estoy solo siempre trato de evitar conducir a oscuras. Durante el viaje charlamos de varios temas, entre otros de fútbol, principalmente del Málaga, que por entonces daba para mucho que hablar; de apuestas de fútbol, sobre todo ellos dos, que cada dos por tres se juegan algunos euros; y del colegio en el que estudiamos, puesto que unos días antes se jubiló don José Naranjo, que fue nuestro profesor de Francés en 4º ESO y cuya despedida de Maristas se llegó a publicar incluso en el Diario Sur, algo que nos sorprendió porque no suelen publicarse noticias de este calado.
Ya en la provincia de Córdoba, pasamos por Benamejí; Lucena, donde había estado unas semanas antes visitando a un par de amigos; Aguilar de la Frontera; Montilla; y Fernán Núñez, pueblo con el mismo nombre de la calle en la que vive Jose. Unos kilómetros más tarde nos encontramos con la señal del desvío a Córdoba, la cual cogimos al tiempo que Jose activaba Google Maps en su móvil para seguir la ruta indicada. Yo tenía grabado en mi cabeza el camino que debíamos tomar; sin embargo, me confundí al tirar por una carretera equivocada, y es que ya he dicho que de noche no me gusta conducir, así que tuvimos que recurrir definitivamente a las indicaciones de Google para que nos recondujera. Cuando pasamos por el Estadio Nuevo Arcángel ya me ubiqué del todo, y además al fondo teníamos la Mezquita iluminada, así que ya no tenía motivos para perderme. Empecé a buscar sitio para aparcar en la plaza de Magdalena, pero no hubo suerte. Tras unos minutos dando vueltas por calles estrechas y evitando aquéllas en las que se prohibía pasar con el coche, encontramos un hueco en la calle Mayor de Santa Marina.

21:15
Tras descargar las maletas, activamos de nuevo Google Maps para saber cómo llegar a nuestro alojamiento, que por lo visto se encontraba a unos 15 minutos andando. Al llegar al Templo Romano, paramos un momento porque no teníamos muy claro por dónde seguir. Yo sabía que estábamos ya muy cerca, pero la ruta que nos marcaba el móvil me llevó a confusión, y con tantas calles la verdad es que no me aclaraba. Por si acaso, tiramos por donde nos decía Google Maps, que finalmente nos llevó hasta nuestro hostal, el Palacio del Corregidor, aunque después corroboraríamos que podríamos haber llegado por un camino más corto, ya que a dos pasos teníamos la plaza de la Corredera, y por uno de sus callejones se llegaba al Templo Romano.
Ya en el hostal, a mano derecha nos encontramos con un pequeño mostrador de recepción donde nos atendió una chica que habló principalmente con Jose, puesto que la reserva estaba a su nombre. Nos preguntó si habíamos venido en coche, a lo que le respondimos que sí; a esto añadió si habíamos circulado por calles de paso restringido a vehículos, y le dijimos que creíamos que no, pero por si acaso le dije la matrícula de mi coche por si se enteraban de algún aviso, cosa que le agradecimos. Finalizado el check-in, nos dio las llaves de nuestra habitación, la 11, situada en la planta baja junto al patio principal del hostal. La habitación era normalita, con una cama simple que sería la que yo usaría y una cama de matrimonio que compartirían mis amigos, así como un armario, una televisión, una ventana que daba al patio y un pequeño baño con ducha.
Ya eran cerca de las diez menos cuarto, así que dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos en busca de un sitio para cenar. Atravesamos la plaza de la Corredera para continuar por la calle Rodríguez Marín, donde vimos la taberna La Cazuela de la Espartería, la cual me había recomendado un compañero de trabajo, pero Jose y Miguel preferían ir a otro sitio porque uno de ellos ya había estado allí en una visita anterior y prefería probar un sitio nuevo. Tras el preceptivo tonteo por el que siempre pasamos en estas situaciones, Miguel buscó en TripAdvisor recomendaciones de restaurantes cerca de donde nos encontrábamos para ir a una apuesta segura; finalmente, tras tirar por calle Claudio Marcelo y sondear las opciones que había alrededor de la plaza de las Tendillas, nos decantamos por la taberna La Montillana. Si bien parecía estar lleno, al preguntar a uno de los camareros resulta que en la planta de arriba había una mesa libre, así que ahí nos quedamos.
Para beber, mis amigos se pidieron cerveza y yo una Coca-Cola, mientras que para comer pedimos media de mazamorra de almendras, media de croquetas de jamón ibérico, media de flamenquín cordobés y puntas de solomillo ibérico al gorgonzola. Mientras esperábamos los platos, el camarero nos trajo una cesta de picos y regañás, así como una pequeña bolsa de papel con tres bollitos de pan calentitos que ya nos causó una buena impresión, aunque lo mejor estaba por venir. Primero nos sirvieron la mazamorra, la cual nunca había probado y que, a pesar de tener un sabor nuevo para mí, no me disgustó. A continuación, nos trajeron el flamenquín, plato típico cordobés que estaba también bastante bueno, y las croquetas de jamón, sin duda alguna las mejores que he probado, opinión compartida por mis amigos, y es que estaban muy cremosas por dentro. Por último, nos sirvieron las puntas de solomillo, que, si bien estaban muy buenas, estaban un pelín fuertes debido al queso gorgonzola.
La elección del sitio para cenar había sido todo un acierto, aunque todavía quedaba la guinda. Nosotros no solemos pedir postre, pero esta vez íbamos a hacer una excepción con una tarta de la abuela (natillas, galleta y chocolate) para compartir entre los tres. ¡Qué rápido cayó! ¡Qué buena estaba! Tanto nos gustó que durante unos minutos estuvimos debatiendo si pedir otra o probar otro de los postres de la carta, como por ejemplo el crep relleno de mousse de toffe con salsa kinder. Al final no nos atrevimos a dar ese paso, en parte un poco por vergüenza de pedir un segundo postre, aunque a la postre, y nunca mejor dicho, nos arrepentimos. En fin, de lo que no cabía duda es de que, de volver a Córdoba en el futuro, esta taberna sería una visita obligada para comer en condiciones. ¡Ah! Y la cuenta salió a 12'20 € por cabeza, precio bastante razonable.
De allí salimos pasadas las once y media, con la suerte de que en la calle José Cruz Conde, ya casi entrando en la plaza de las Tendillas, nos topamos con una cuadrilla de costaleros ensayando con un paso y marchas procesionales con vistas a la Semana Santa que estaba ya al caer, y ya sabéis lo que a mí me gusta el mundillo cofrade, no tanto a mis amigos. Regresamos al hostal por el camino más corto posible, es decir, por la calle Claudio Marcelo y por la plaza de la Corredera, y, una vez en la habitación, acordamos algo que ya medio habíamos hablado durante la cena. Resulta que la entrada de la Mezquita cuesta 10 €, pero los sábados de 8:30 a 9:30 es gratuita, por lo que, a pesar de que estábamos cansados después de toda una semana de trabajo y del tute que conlleva un viaje en coche, decidimos madrugar al día siguiente para aprovechar esta visita gratuita, que además tendría la ventaja de tener menos turistas, y dejar el desayuno para luego. Así pues, puse mi despertador a las 7:15 para ducharme nada más levantarme y luego marchar para la Mezquita. Quedaban pocos minutos para las doce y media cuando nos acostamos, y con qué ganas nos metimos en la cama, pues nos hacía falta descansar para la larga jornada que nos esperaba al día siguiente.

Nota: no es la primera vez, y supongo que no será la última, que tengo que añadir una nota al final del relato de uno de los días que he estado de viaje para disculparme por la tardanza en haberla redactado y publicado. Como habéis podido leer al comienzo, este viaje tuvo lugar a finales de febrero, es decir, hace ya más de cuatro meses, y es hoy, en pleno mes de julio, cuando estoy publicando el primero de los tres días que duró el viaje. Resulta que este curso no es que haya sido duro, sino muy duro, pues me han tocado grupos un tanto conflictivos y poco trabajadores, un inspector del que es mejor no hablar por cómo se ha portado conmigo, y además ha coincidido que ha sido el primer año que he tenido que vivir solo, con todo el trabajo extra que ello conlleva en casa. Todo esto ha provocado que retrase tanto mi habitual narración de los viajes que hago por falta de tiempo, pero es que además resulta que en menos de dos semanas me voy unos días al sur de Francia con estos dos amigos y dentro de un mes voy a cruzar España de costa a costa con mi madre. Esto se va a traducir en que los siguientes relatos no van a ser tan explícitos y detallistas como de costumbre, algo que creo que ya se ha notado en éste, aunque no os lo parezca. Así que nada, disculpad tanta tardanza, que más vale tarde que nunca ;)

viernes, 30 de junio de 2017

Respuestas de alumnos 'matemáticos' (IV)

Tras un paréntesis de un año en el que me dediqué por completo a prepararme las Oposiciones, este curso he vuelto a dar clase en las aulas tras conseguir una de las plazas que se convocaron, lo cual me ha brindado la oportunidad de volver a publicar un nuevo recopilatorio de respuestas curiosas que me he encontrado en los exámenes de Matemáticas de mis alumnos. Este curso he impartido la materia de Matemáticas en cinco grupos (dos de 1º ESO, dos de 2º ESO y uno de 3º ESO, concretamente de Matemáticas orientadas a las enseñanzas aplicadas), más que en los otros tres cursos en los que compartí con vosotros las ingeniosas respuestas de mis alumnos (2013, 2014 y 2015), pues por entonces solamente daba esta materia en dos grupos, pero esta vez la cosecha no ha sido tan amplia como cabía esperar. Ya de por sí esta materia es poco prolífica en lo que a redactar se refiere, pues se basa en hacer cálculos y operaciones, pero es que además resulta que muchos de mis alumnos (unos 20 de los aproximadamente 100 que he tenido) han tenido por norma dejar los exámenes totalmente en blanco, por lo que ahí se ha perdido mucho material que podría estar publicando ahora. En cualquier caso, respuestas divertidas ha habido, bastantes, así que vamos con ellas.
La única fuente de recursos se ha centralizado en los exámenes de geometría que hemos hecho en el tramo final del curso, pues en ellos he hecho varias preguntas de teoría relativas a las figuras y los cuerpos geométricos que se estudian en los tres primeros cursos de la ESO, y es que del resto del temario poco o nada se puede salvar, a excepción de que cometan alguna que otra falta de ortografía de esas que te echas a llorar. Empezaremos con 1º ESO, en cuyo examen puse la típica pregunta en la que hay que completar varias definiciones con la palabra que falta, entre las cuales estaban las siguientes (indico en mayúsculas las respuestas correctas y entre paréntesis las respuestas que dieron algunos alumnos):
  • El circuncentro es el punto en el que se cortan las tres MEDIATRICES (DIAGONALES, ÁREAS) de un triángulo.
  • Un CUADRADO (PERÍMETRO) tiene 4 lados iguales y 4 ángulos rectos.
  • Un triángulo ESCALENO (PARALELO) tiene los tres lados desiguales.
  • El baricentro es el punto en el que se cortan las tres MEDIANAS (DIAGONALES, DIATRICES) de un triángulo.
  • El DIÁMETRO (BARICENTRO) es el segmento que une dos puntos de la circunferencia y pasa por el centro.
  • Un polígono regular tiene todos sus lados y ángulos IGUALES (CUADRADOS).
Como podéis ver, las respuestas que han dado los alumnos no tienen ni pies ni cabeza, y es que desde cuándo un triángulo tiene diagonales o puede ser paralelo, cómo es posible que un punto como el baricentro pueda ser un segmento, o qué diantres son las diatrices de un triángulo. Si esto os ha parecido rocambolesco, lo que viene a continuación no sé cómo calificarlo. Como los grupos de 1º ESO son bilingües, esa gran estafa que la Junta de Andalucía nos mete con calzador, incluí una sopa de letras en la que debían encontrar algunas palabras en inglés que habíamos trabajado en el tema, como por ejemplo rhomboid, obtuse, pentagon, radius o circle. Pues bien, además de algunas de esas palabras, mis alumnos encontraron otros vocablos ingleses como DIAMERAL, APOEM, ANGEL, TRHOMBUS, BARIANWO, USCALENA, SUAPOSA, BARIAN, SECTON, GTZACK, BEISE, REÑQEO, SAIDS o ESQAURE. Algunas de esas supuestas palabras bien podrían pertenecer al inglés (diameral, barian, saids), pero otras sinceramente me suenan a suajili (barianwo) o a bielorruso (gtzack).
Pasamos ahora a 2º ESO, donde hemos trabajado los poliedros y los sólidos de revolución para calcular sus áreas y volúmenes; además, también les expliqué cuáles son los cinco poliedros regulares, cuántas caras tiene cada uno y por qué polígonos están formadas sus caras, y que seguro que caería en el examen, como así fue. Precisamente, esta misma pregunta fue una de las que más respuestas graciosas me proporcionó en los dos últimos recopilatorios, pero este curso se han superado con creces. Hay quienes en vez del tetraedro han pensado en el ya famoso TETAEDRO, pero también están los alumnos que han querido buscar nombres alternativos a otros dos poliedros regulares, concretamente al dodecaedro (DECAEDRO, DODEAEDRO, DOCECAEDRO) y al icosaedro (ISOCAEDRO, ICOEDRO, ENDECAEDRO, OSAEDRO, COSAEDRO, VICOSAEDRO). Como véis, poliedros hay muchos, pero resulta que había otros tantos que desconocíamos hasta hoy. También cabe comentar que un alumno respondió que las caras de un cubo, en vez de ser cuadrados, son CUADROS (lo cual se podría dar por válido si las caras estuvieran pintadas por Picasso o Velázquez, ¿no?), mientras que otro puso que son CUBOS (¿a este poliedro se le podría llamar metacubo?).
Terminamos este recopilatorio con 3º ESO, curso en el que puse una pregunta similar a la del examen de 1º ESO de rellenar huecos, pero aplicado al teorema de Pitágoras y a los cuerpos geométricos. La verdad es que aquí no he podido rescatar mucho porque solamente tenía 13 alumnos (en verdad son más, pero hay algunos que nunca han venido a clase o dejaron de venir en mitad del curso), pero menos en nada. Entre las frases a completar que les pregunté estaban las siguientes, y, como antes, indico en mayúsculas las respuestas correctas y entre paréntesis las respuestas del alumnado:
  • La HIPOTENUSA (PIRÁMIDE) siempre es el lado más largo de un triángulo rectángulo.
  • Un tetraedro tiene cuatro caras que son triángulos EQUILÁTEROS (TRECE).
  • Las caras de un dodecaedro tienen forma de PENTÁGONO (DOCE, PRISMA) regular.
Si las respuestas de los de 1º ESO eran para tirarse de los pelos, los de 3º no se quedan atrás. ¿Cómo es posible que una pirámide sea un lado de un triángulo o un prisma una cara de un dodecaedro? ¿O que un número como el doce o el trece sea un tipo de triángulo o la forma de las caras de un poliedro? A saber qué se les pasó por la cabeza a mis alumnos para escribirme estas respuestas...
Esto es lo que ha dado de sí este curso en el que he vuelto a sentirme profesor. El año que viene, si mis alumnos vuelven a regalarme respuestas tan imaginativas como éstas, tened por seguro que las compartiré con vosotros.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta septuagésima quinta edición, también denominada 8.5, está organizado por Santi García Cremades a través de su blog Raíz de 2.

sábado, 24 de junio de 2017

No es mío, pero es interesante (CIII)

Aquí tenemos una entrega más de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han gustado en las últimas semanas. Como de costumbre, algunos blogs consiguen colar más de una aportación, como son los casos de Microsiervos y Fogonazos, con diez y dos posts, respectivamente. Lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos, pues encontraréis matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a las recomendaciones de hoy:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

domingo, 18 de junio de 2017

Ganador del Premio #CarnaMat84

Hace algo más de siete años, participé en la primera edición del Carnaval de Matemáticas con una entrada sobre la forma de las tarjetas de crédito, y desde entonces han sido muy pocas las veces que he faltado a esta cita mensual. Hace algo menos de seis años, publiqué otro post para el Carnaval sobre la famosa paradoja del cumpleaños que llegó a recibir unas 16.000 visitas en un solo día, cuando por aquel entonces mi blog acostumbraba a tener apenas 60-70 visitas diarias. Hace unos dos años, tuve el honor de organizar por primera vez una de las ediciones del Carnaval, y volví a repetir la experiencia de ser el anfitrión de esta fiesta de las matemáticas el pasado mes de marzo. Desde hoy, puedo presumir de haber ganado el Premio a la Mejor Entrada de la Edición 8.4 del Carnaval de Matemáticas gracias a un post en el que me hacía una pregunta tan curiosa y difícil de responder como cuál es el mejor número.
¡Cuánto me ha costado conseguir este premio! Mis aportaciones al Carnaval habían recibido varios votos y puntos en muchas de las ediciones convocadas hasta ahora, colándome alguna que otra vez en el podio, pero nunca había tenido la suerte de ser el ganador. No tenía muchas esperanzas de conseguirlo en esta edición, más que nada porque había 36 aportaciones, y entre ellas estaban las de consagrados blogueros matemáticos con varios premios a sus espaldas, pero el que la sigue la consigue. En total, mi entrada ha sido votada por 8 participantes que me han otorgado 18 puntos (4 + 4 + 2 + 2 + 2 + 2 + 1 + 1), seguida por otras aportaciones que han recibido 16 puntos, 15, 13, 9, 8... es decir, que el Premio #CarnaMat84 ha estado más que reñido.
Este galardón me ha hecho muchísima ilusión conseguirlo, y eso que no tiene asociado ni dinero ni ningún regalo físico, ni falta que hace, sino solamente un distintivo de ganador que es el que a partir de ahora luciré con orgullo en el lateral derecho del blog y que también incluyo en esta publicación. Obviamente, tengo que darle las gracias a las ocho personas que votaron mi entrada por considerar que era una de las mejores, pero sobre todo a Amadeo Artacho, y no por haber sido el anfitrión de la Edición 8.4 desde su blog matematicascercanas, sino porque se puso en contacto conmigo antes de que diese comienzo para animarme a participar cuando realmente yo no tenía pensado hacerlo por estar un poco agobiado con el trabajo; si no es por él, todavía estaría suspirando por uno de los premios del Carnaval de Matemáticas.
Ojalá que éste sea el primero de muchos premios que consiga de aquí en adelante, lo cual será un claro indicativo de que sé transmitir a los demás mi pasión por las matemáticas, aunque lo más importante es que entre todos sigamos divulgándolas, cada uno a su manera, cada uno como mejor sepa. ¡Nos vemos en las siguientes ediciones del Carnaval de Matemáticas!

domingo, 28 de mayo de 2017

¿Cuál es el mejor número?

Números hay muchos, tantos que son infinitos. Los hay de una cifra, de dos, de tres, de diez, de miles y miles de cifras. Los hay naturales, enteros, racionales, irracionales, reales e incluso imaginarios. Algunos son pares y otros, impares. Algunos son positivos y otros, negativos, aunque hay quien no es ni uno ni lo otro. Los hay sin decimales, con decimales exactos, periódicos puros, periódicos mixtos, no periódicos. También encontramos números primos, amigos, perfectos, trascendentes, narcisistas, abundantes, capicúas, felices, odiosos, etc. Como veis, números los hay de innumerables (nunca mejor dicho) tipos y colores, pero ¿cuál es el mejor número? ¿Cuál es el Messi o el Cristiano Ronaldo de los números?
Responder a esta pregunta es harto difícil, por no decir imposible. ¿Cómo diantres elegimos al mejor número? ¿En qué criterios nos basamos? Hay quien parece haber encontrado la respuesta, y además es el culpable de que haya publicado esta entrada. No es otro que Sheldon Cooper, el peculiar protagonista de la serie 'The Big Bang Theory'. Este personaje televisivo, tan adorable y repelente al mismo tiempo, preguntó a sus amigos en uno de los capítulos cuál es el mejor número, tal y como podéis ver en el siguiente vídeo, aunque, por si acaso el vídeo es eliminado de YouTube, a continuación también incluyo los motivos que él da para afirmar que el 73 es el mejor número de todos:

El 73 es el vigesimoprimer número primo, leído al revés es el 37 que es el decimosegundo, que al revés es el 21, que es el resultado de multiplicar, agarraos fuerte, 7 por 3. En binario, el 73 es un palíndromo, 1001001, que al revés es 1001001, exactamente igual.
Parece que el 73 es un buen candidato al premio al mejor número, pero ¿tiene rivales? ¿Qué os parece el 2? Es el único número primo que es par, es un número de Fibonacci, por dos puntos pasa una única recta, se necesitan al menos dos símbolos para crear un sistema de numeración (en este caso el binario, que es el utilizado en computación), representa la dualidad (el bien y el mal, el blanco y el negro, el día y la noche, el hombre y la mujer, el frío y el calor...) y la simetría (tenemos dos ojos, dos orejas, dos brazos, dos piernas, dos pulmones...), etc. ¡Vaya! No es mal competidor, aunque, ya que estamos con los números primos, qué decir del 3, que es el primo impar más pequeño, también es un número de Fibonacci, se necesitan al menos tres lados para construir un polígono (el triángulo) y tres puntos para definir un plano (por eso los trípodes tienen tres patas), tres son las dimensiones con las que representamos la realidad (largo, ancho y alto), tres son los colores primarios de la luz (rojo, verde y azul), etc. Este número tampoco está nada mal, ¿eh?
¡Espera un momento! ¿Dónde he visto yo también el 3? ¡Ah, sí! ¡En el número pi (π)! El profesor Frink nos amenaza diciendo que π es 3, pero no, es un poquito más, concretamente 3'1415926535... y no pongo más decimales porque tiene infinitos y no me caben aquí. No sé si es el mejor número o no, pero seguramente sea el más famoso de todos, y no porque represente la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, que es realmente por lo que es importante, sino porque es el primer número expresado con una letra con el que nos topamos en la asignatura de Matemáticas (para que luego digan que los de ciencias no sabemos de letras) en el colegio o instituto. ¿Quién no lo ha utilizado para calcular el área de un círculo, o el volumen de un cilindro o expresar un ángulo en radianes? ¡Si hasta las calculadoras científicas tienen una tecla para el número π! Tan especial es este número que existe el día de π (el 14 de marzo), le han dedicado poemas, canciones...
¿Hay más números representados por una letra? Pues sí, hay unos cuantos que también son bastante conocidos y utilizados. Uno de ellos es el número e, cuyo valor es 2'7182818284... y, al igual que π, también tiene algún que otro poema dedicado, aunque si por algo es conocido es porque es la base de los logaritmos neperianos y porque aparece en situaciones tan dispares como son la prueba del carbono 14 para determinar la antigüedad de restos fósiles o arqueológicos, el cálculo del interés compuesto que genera un capital invertido, el crecimiento exponencial de la población, etc. Hay otro número con letra y con infinitos decimales que también merece unas líneas, y no es el otro que el número áureo (Φ), que ya con ese nombre nos hace pensar que es otro gran candidato a ser considerado como el mejor número de todos. Con un valor igual a 1'6180339887..., está íntimamente relacionado con la sucesión de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34...), ya que el cociente de dos números de Fibonacci consecutivos tiende a ser igual al número áureo. Su presencia en la naturaleza está más que demostrada, pues lo podemos encontrar en la distribución de las hojas en un tallo y de los pétalos en una flor, así como en las conchas del nautilus, por poner algunos ejemplos; además, el hombre, viendo la belleza que aporta esta dorada proporción, ha tratado de plasmarla en numerosas manifestaciones artísticas desde hace cientos y miles de años (en el Partenón de Atenas, en la Gran Pirámide de Guiza...).
¿Volvemos a los números de toda la vida, a los que no tienen decimales? ¿Qué os parece el currículum del 5? Como algunos de los números que hemos visto antes, también es primo y aparece en la sucesión de Fibonacci, pero es que además resulta que solamente hay cinco poliedros regulares (polígonos regulares hay infinitos, pero sí, poliedros regulares son cinco), cinco dedos tenemos en cada mano y en cada pie, y, para rematar la faena, resulta que es el único número que tiene tantas letras (C-I-N-C-O) como su propio valor, al menos en español. ¡Vaya número tan chulo! Pues atentos al 7, otro primo que se cuela en nuestra lista de candidatos, ya que estoy seguro de que te refieres a él casi todos los días sin darte cuenta. ¿No te lo crees? ¿Sabes cuántos días tiene una semana, colores tiene el arco iris, notas tiene la escala musical, bellas artes hay, sacramentos tiene el catolicismo, maravillas de Mundo Antiguo había, vidas tiene un gato...? ¡Sí, siete! Por otra parte, al principio nos preguntábamos cuál es el Messi o el Cristiano Ronaldo de los números. Cristiano luce en su espalda el 7, uno de los dorsales míticos del fútbol, así que este número no podía faltar aquí.
Eso sí, si hablamos de dorsales míticos, y habiendo nombrado a Messi, qué decir del 10. No es solamente un gran candidato por la larga nómina de leyendas futbolísticas que han llevado ese número en algunos de sus equipo (amén del argentino, ahí están Pelé, Maradona, Zidane, Platini, Totti, Ronaldinho...), eso es lo de menos, sino porque siempre ha estado asociado a la perfección, o es que nunca has deseado sacar un 10 en el examen de Matemáticas. Ya era considerado un número especial por Pitágoras y su escuela, que en esto de las matemáticas eran unos hachas, puesto que se pueden disponer diez puntos en cuatro filas formando un triángulo con un punto en la primera fila, dos en la segunda, tres en la tercera y cuatro en la cuarta, motivo por el cual el 10 es uno de los números triangulares; además, si por algo es importante el diez en nuestro día a día es porque nosotros expresamos los números en sistema decimal, el cual utiliza diez cifras (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9).
Si el 10 es un número de perfección, qué mejor perfección que ser el número 1. Probablemente fue el primer número que se inventó, en aquellos tiempos en los que vivíamos en cavernas y empezamos a marcar con trazos verticales (casi todas las civilizaciones lo han representado así, qué casualidad) para hacer recuentos de lo que teníamos a nuestro alrededor. Y si hablamos de propiedades matemáticas, resulta que el 1 es el único número impar que no es primo, es un número de Fibonacci, y además es el único que puede presumir de ser al mismo tiempo triangular, cuadrado, pentagonal, hexagonal, heptagonal, octogonal, etc. ¿Y qué pasa con el 0? Aunque parezca mentira y vaya en contra de nuestra intuición, el cero fue la última de las diez cifras en inventarse, al menos en la notación posicional que utilizamos actualmente, y si de algo puede presumir este número en comparación con todos los demás es que es el único que no tiene signo, es decir, ni es positivo ni es negativo, sino neutro, lo cual lo convierte en un número muy especial. Por otra lado, como representa el vacío, la nada, es imposible que podamos hacer una división con el cero como divisor. ¿No te lo crees? ¿Has probado a dividir, por ejemplo, 6 entre 0 en la calculadora? ¿Te sale "Math Error"?
¡Qué difícil está siendo esto de elegir el mejor número! Os propongo otro: el 1729. ¿Cómo? ¿El 1729? ¿Qué le pasa a este número? Pues lo pongo por aquí porque tiene una curiosa anécdota por detrás que tuvo lugar hace aproximadamente un siglo. Resulta que el matemático indio Ramanujan estaba hospitalizado en Londres y su amigo Hardy, un matemático inglés, fue a visitarle, para lo cual cogió un taxi cuyo número era precisamente el 1729. A Hardy este número le parecía uno más sin importancia, pero Ramanujan le respondió rápidamente que no, que era un número muy interesante, puesto que era el más pequeño que se podía expresar como la suma de dos cubos de dos maneras diferentes. Por esta razón, a este número se le conoce como número de Hardy-Ramanujan, y la generalización de esta propiedad derivó en los llamados números taxicab. ¿Cómo te has quedado? Seguro que boquiabierto como Hardy cuando escuchó la respuesta de su amigo Ramanujan.
Podríamos seguir analizando muchos más números que también merecen ser considerados como el mejor, pero creo que ya hemos visto bastantes aspirantes a conseguir tan preciado honor, y además no dispongo de mucho más tiempo para escribir, que el trabajo apremia. Así pues, para mí el mejor número es... No lo sé. No soy capaz de decidir qué número está por encima de todos los demás, pues para mí todos son importantes. Sí, es cierto que algunos son más útiles que otros, pero elegir al que se llevaría el Balón de Oro de los números me resulta poco menos que imposible. Sheldon Cooper parece tenerlo muy claro. ¿Y tú? ¿Cuál es para ti el mejor número?

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta septuagésima cuarta edición, también denominada 8.4, está organizado por Amadeo Artacho a través de su blog matematicascercanas.