miércoles, 16 de agosto de 2017

El signo de los cuatro

El tercer libro que ha caído en mis manos este verano ha sido 'El signo de los cuatro', la segunda obra en la que el escritor británico Arthur Conan Doyle relata las dotes detectivescas del genial Sherlock Holmes.
El detective Sherlock Holmes y el doctor John Watson reciben en su domicilio londinense del 221B de Baker Street la visita de la joven institutriz Miss Mary Morstan, quien acude al señor Holmes para que averigüe qué ha pasado con su padre, el capitán Morstan, pues no sabe nada de él desde hace diez años; además, desde hace seis recibe cada año una perla de un collar de un remitente anónimo, y ese mismo día le ha llegado una carta en la que se le ruega que acuda a una cita y en la que se añade que hasta ahora ha sido perjudicada y se le debe hacer justicia. Holmes y Watson acompañan a la joven a esta misteriosa cita, que resulta estar organizada por Thaddeus Sholto, uno de los hijos gemelos del mayor Sholto, amigo del padre de Mary y que compartió regimiento de infantería en la India años atrás. Al parecer, tanto el capitán Morstan como el mayor Sholto tenían un tesoro que ha estado escondido hasta entonces y, tras la muerte de ambos, a ella le corresponde la mitad del mismo. Cuando acuden a la casa del hermano de Thaddeus para recoger el tesoro, resulta que éste ha sido asesinado y que el tesoro ha desaparecido.
He tardado seis años en continuar el canon holmesiano con su segunda novela tras haber comenzado con 'Estudio en escarlata', y la verdad es que ha sido una pena haber esperado tanto, ya que gracias a 'El signo de los cuatro' he tenido la oportunidad de volver a disfrutar de la sagacidad y de los geniales razonamientos deductivos de Sherlock Holmes, uno de los detectives más célebres de la literatura, así como del doctor Watson, su inseparable compañero y excelente narrador de la trama. Es en este título donde se da buena cuenta de la afición de Sherlock a consumir drogas, puesto que, según él, es lo único que estimula su mente a falta de casos que resolver que le saquen de la aburrida rutina de la existencia, y también donde aparece una de sus citas más famosas: "Una vez eliminadas todas las demás posibilidades, la única que queda tiene que ser la verdadera". La estructura del libro es muy similar a la de su precedente: el caso se expone, se investiga y se resuelve, y al final se incluye un relato en el que se narra la historia oculta tras el caso, aunque lo bueno es que esta vez no ocupa tantas páginas como en 'Estudio en escarlata'. Lo malo, que es muy corto, poco más de 150 páginas, aunque al menos me queda el consuelo de que el canon holmesiano está compuesto por otras dos novelas y cinco colecciones de relatos, por lo que todavía tengo mucho Sherlock por devorar.

viernes, 4 de agosto de 2017

Espía de Dios

El segundo libro que he leído este verano, tras haber pasado unos días de viaje, ha sido 'Espía de Dios', del escritor español Juan Gómez-Jurado.
El papa Juan Pablo II acaba de fallecer y la Ciudad del Vaticano se prepara para darle el último adiós, al tiempo que más de cien cardenales se disponen a asistir en los próximos días al cónclave en el que deberán elegir a su sucesor, pero algunos de ellos no podrán acudir. Dos de estos cardenales aparecen asesinados con varias partes de sus cuerpos mutiladas y misteriosos mensajes bíblicos en las escenas del crimen. La inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti, con la colaboración del padre Anthony Fowler, un ex militar norteamericano, será la encargada de dar caza a un asesino que resulta ser un sacerdote con un turbio pasado plagado de abusos sexuales a menores, motivo por el cual tuvo que pasar un tiempo en el Instituto Saint Matthew para ser rehabilitado. Desde el Vaticano se intenta ocultar estas muertes para que no interfiera en la celebración del cónclave, pero el asesino tratará de que salgan a la luz mientras sigue acabando con más vidas.
Descubrí este thriller hace unos años en una de mis visitas a las librerías de mi ciudad en busca de nuevos títulos que añadir a mi larga lista de futuribles lecturas. Por su sinopsis deduje inmediatamente que se trataba de una novela del estilo de 'Ángeles y demonios', y de hecho lo publicitaban así, con la coletilla de estar mejor documentado y redactado. Será por gustos, pero yo disfruté más el libro de Dan Brown, lo cual no implica que el de Juan Gómez-Jurado no me haya gustado. No pongo en duda que el que acabo de leer tenga más trabajo de documentación por detrás y que sea muy más realista que el del discutido novelista estadounidense, lo que lo hace más creíble, pero no me ha enganchado tanto como esperaba, y esto es algo que yo valoro, y mucho, en este género que mezcla misterio, crimen y religión. Como aspecto destacable sobre otros libros de esta temática es que al poco de empezar ya se sabe quién está detrás de esos macabros asesinatos, lo cual para muchos lectores es un punto negativo y para otros positivo (a mí me da un poco igual), pero lo que más me ha trastornado de esta novela es el ir y venir entre las dos líneas temporales en las que tiene lugar la trama; eso sí, como autocrítica tendría que decir que he acusado la falta de ritmo tras tirarme diez meses sin leer y que además estos días he estado liado con la planificación de un viaje, por lo que mi cabeza no estaba del todo centrada en esta lectura. Es el primer libro de Juan Gómez-Jurado y tengo entendido que los siguientes son mejores, así que es probable que más adelante lo tenga en cuenta.